La luz plateada que
surgía desde el recuerdo volcado en el pensadero la hizo estremecer. Ver
aquellos recuerdos hacían que la bruja sintiera una extraña sensación. Sabía
que había cosas olvidadas y ocultas en su mente. Cosas que Darla no quería que
ni Scarlet ni nadie más supiera. Cosas que ni Scarlet querría que los demás
supieran.
La superficie vibró ante sus ojos castaños, parecía un lago en el cual habían arrojado una piedrecilla y por momentos eran como las nubes de vapor que surgen de un geiser. Cuando la varita se posó sobre el recuerdo una vez más, fue como si se calmara una tempestad, como si el cristal más puro se materializara en el lugar.
Scarlet se inclinó sobre la imagen de un bosque junto a un cementerio que se veía en fondo del pensadero. Cuando su pálido rostro tomó contacto con el recuerdo la sensación de caer en un vacío oscuro y frío la envolvió. Sintió como si volara por un agujero de gusano... extraña sensación en realidad.
Cuando finalmente la sensación cesó estaba de pie junto a uno de los árboles del bosque, a unos metros de ella una joven Darla avanzaba desde el cementerio por el sendero que atravesaba el lugar. Unos metros más allá vió a los dos vampiros. ¿Dos? Extraño, siempre pensó que el hombre. No, eso le habían dicho a Darla y sin embargo. Observó con detenimiento.
El hombre era alto, de cabellos negros y largos hasta por debajo del hombro, los llevaba recogidos en una coleta. Su rostro era tan pálido como el de Scarlet, sus ojos eran dorados, ella no recordaba haberlos visto así desde... ¿recordaba haberlos visto? Una sensación extraña recorrió su ser. Siguió observando al desconocido, Vestía una camisa y jeans negros, Unas brillantes botas de cuero marcaban el movimiento de sus pies, como si la ansiedad por algo no le permitiera quedarse quieto.
La mujer a su lado apretó el brazo del hombre, señalando hacia la joven que se acercaba al lugar donde ellos acechaban. Scarlet volvió a observar a la muchacha, sus cabellos no eran tan rojos como lo serían luego, el castaño era un poco más predominante. Sus ojos volvieron hacia la mujer que esperaba junto al que estaba segura era un vampiro. Los cabellos de ella si eran rojos como el fuego, casi parecían brillar, sus ojos eran de un verde casi transparente, como las esmeraldas. Su piel parecía marfil y una fría sonrisa se dibujaba en su rostro mientras se preparaba para atacar a la adolescente que venía por el camino.
Scarlet recordó el placer que sentía, ella quería desaparecer de este mundo, aunque era inmortal sus errores habían hecho que la condenaran en la misma corte de los vampiros. El plan era perfecto, matar a aquella joven y mediante los ritos de magia antigua meter su esencia, su alma, en su cuerpo. Tan dividida estaba su alma que podía incluso al momento de transformarla meter su ser en la muchacha. Pero eso no se lo había dicho a Dimitri. Por algo no confiaba en él.
La vampira acarició con placer la pequeña daga que tenía oculta en su mano, mientras se agazapada lista para atrapar su presa. El hombre junto a ella había sacado a su vez un largo puñal de algún lado, en su otra mano tenía una pequeña capsula dorada.
Todo ocurrió muy rápido. Scarlet cayó sobre Darla y la inmovilizó contra el piso antes que la joven pudiera gritar, clavó su puñal en el costado de la muchacha a la vez que clavaba sus colmillos en el cuello de la joven. El puñal de cristal se disolvió al dar contra la costilla de la chica y de pronto Scarlet se sintió arrastrada hacia atrás por sus cabellos…
-Dimitrí… – Los ojos del hombre refulgían. Una sonrisa sarcástica se dibujó en su rostro, mientras le mostraba en su mano libre la capsula hecha añicos y el puñal.
-Lo siento Scarlet, órdenes son órdenes… y ellos siempre pagarán más…
- Maldito!!! – Rugió la pelirroja comprendiendo la traición, el grito se ahogó en su garganta cuando el clavo el puñal de plata en su corazón y el último pensamiento que pasó por su mente…
est****o traidor… lo sabía… les he ganado…
La oscuridad fue tal como entonces y a la vez distinta. La oscuridad del recuerdo era la de la muerte. La oscuridad que envolvía a la Scarlet actual era la de la salida del recuerdo del pensadero. La sensación de un tumba carnero que sintió mientras se posaba en el piso del sótano de la Orden no era nada comparada con el frío, el dolor y la extraña satisfacción que invadían su alma.
Dimitri la había traicionado, tal cual ella lo había sospechado. Pero había muerto a manos de los tíos de Darla. Como fuera, ni él ni ellos jamás sospecharon de que había en su sobrina. La chica había sobrevivido con su propia alma, pero transformada por la vampiro que ahora habitaba en su ser. Silenciosa, dormida, al acecho de poder volver a vivir…
Scarlet suspiró y con un ágil movimiento desapareció el contenido del pensadero… tras lo cual apoyó ambas manos en el borde del mismo… tenía mucho que pensar… y aún había algunos recuerdos que debía recuperar.
La superficie vibró ante sus ojos castaños, parecía un lago en el cual habían arrojado una piedrecilla y por momentos eran como las nubes de vapor que surgen de un geiser. Cuando la varita se posó sobre el recuerdo una vez más, fue como si se calmara una tempestad, como si el cristal más puro se materializara en el lugar.
Scarlet se inclinó sobre la imagen de un bosque junto a un cementerio que se veía en fondo del pensadero. Cuando su pálido rostro tomó contacto con el recuerdo la sensación de caer en un vacío oscuro y frío la envolvió. Sintió como si volara por un agujero de gusano... extraña sensación en realidad.
Cuando finalmente la sensación cesó estaba de pie junto a uno de los árboles del bosque, a unos metros de ella una joven Darla avanzaba desde el cementerio por el sendero que atravesaba el lugar. Unos metros más allá vió a los dos vampiros. ¿Dos? Extraño, siempre pensó que el hombre. No, eso le habían dicho a Darla y sin embargo. Observó con detenimiento.
El hombre era alto, de cabellos negros y largos hasta por debajo del hombro, los llevaba recogidos en una coleta. Su rostro era tan pálido como el de Scarlet, sus ojos eran dorados, ella no recordaba haberlos visto así desde... ¿recordaba haberlos visto? Una sensación extraña recorrió su ser. Siguió observando al desconocido, Vestía una camisa y jeans negros, Unas brillantes botas de cuero marcaban el movimiento de sus pies, como si la ansiedad por algo no le permitiera quedarse quieto.
La mujer a su lado apretó el brazo del hombre, señalando hacia la joven que se acercaba al lugar donde ellos acechaban. Scarlet volvió a observar a la muchacha, sus cabellos no eran tan rojos como lo serían luego, el castaño era un poco más predominante. Sus ojos volvieron hacia la mujer que esperaba junto al que estaba segura era un vampiro. Los cabellos de ella si eran rojos como el fuego, casi parecían brillar, sus ojos eran de un verde casi transparente, como las esmeraldas. Su piel parecía marfil y una fría sonrisa se dibujaba en su rostro mientras se preparaba para atacar a la adolescente que venía por el camino.
Scarlet recordó el placer que sentía, ella quería desaparecer de este mundo, aunque era inmortal sus errores habían hecho que la condenaran en la misma corte de los vampiros. El plan era perfecto, matar a aquella joven y mediante los ritos de magia antigua meter su esencia, su alma, en su cuerpo. Tan dividida estaba su alma que podía incluso al momento de transformarla meter su ser en la muchacha. Pero eso no se lo había dicho a Dimitri. Por algo no confiaba en él.
La vampira acarició con placer la pequeña daga que tenía oculta en su mano, mientras se agazapada lista para atrapar su presa. El hombre junto a ella había sacado a su vez un largo puñal de algún lado, en su otra mano tenía una pequeña capsula dorada.
Todo ocurrió muy rápido. Scarlet cayó sobre Darla y la inmovilizó contra el piso antes que la joven pudiera gritar, clavó su puñal en el costado de la muchacha a la vez que clavaba sus colmillos en el cuello de la joven. El puñal de cristal se disolvió al dar contra la costilla de la chica y de pronto Scarlet se sintió arrastrada hacia atrás por sus cabellos…
-Dimitrí… – Los ojos del hombre refulgían. Una sonrisa sarcástica se dibujó en su rostro, mientras le mostraba en su mano libre la capsula hecha añicos y el puñal.
-Lo siento Scarlet, órdenes son órdenes… y ellos siempre pagarán más…
- Maldito!!! – Rugió la pelirroja comprendiendo la traición, el grito se ahogó en su garganta cuando el clavo el puñal de plata en su corazón y el último pensamiento que pasó por su mente…
est****o traidor… lo sabía… les he ganado…
La oscuridad fue tal como entonces y a la vez distinta. La oscuridad del recuerdo era la de la muerte. La oscuridad que envolvía a la Scarlet actual era la de la salida del recuerdo del pensadero. La sensación de un tumba carnero que sintió mientras se posaba en el piso del sótano de la Orden no era nada comparada con el frío, el dolor y la extraña satisfacción que invadían su alma.
Dimitri la había traicionado, tal cual ella lo había sospechado. Pero había muerto a manos de los tíos de Darla. Como fuera, ni él ni ellos jamás sospecharon de que había en su sobrina. La chica había sobrevivido con su propia alma, pero transformada por la vampiro que ahora habitaba en su ser. Silenciosa, dormida, al acecho de poder volver a vivir…
Scarlet suspiró y con un ágil movimiento desapareció el contenido del pensadero… tras lo cual apoyó ambas manos en el borde del mismo… tenía mucho que pensar… y aún había algunos recuerdos que debía recuperar.