Llegué a cruzar la mitad del bosque y observé a tres
hermosos dragones cruzando el cielo, haciendo piruetas y lanzando bolas de
fuego de sus hocicos Era una maravilla, nunca había visto tan de cerca a ese
tipo de criaturas y me emocionaba y atemorizaba al mismo tiempo estar tan cerca
de ellas.
Adriano me dijo que no tuviera miedo, que ellas se convertirían en mis amigos con el simple hecho de acercarme a ellas pero aún no tenía la confianza suficiente como para hacerlo.
La Torre Abaddon todavía queda lejos, sin embargo me fascinaba pasar el tiempo en aquel bosque, era increíble la sensación, la vista y todo el ambiente en general. No sabía que en Inglaterra las cosas serían así de... simples, aún no me enfrentaba a ninguna dificultad de las que me hablo el Wallace.
Adriano me dijo que no tuviera miedo, que ellas se convertirían en mis amigos con el simple hecho de acercarme a ellas pero aún no tenía la confianza suficiente como para hacerlo.
La Torre Abaddon todavía queda lejos, sin embargo me fascinaba pasar el tiempo en aquel bosque, era increíble la sensación, la vista y todo el ambiente en general. No sabía que en Inglaterra las cosas serían así de... simples, aún no me enfrentaba a ninguna dificultad de las que me hablo el Wallace.
Un viento fuerte
recorrió el lugar, levantando una polvareda en el lugar donde una figura
cubierta por una capa negra como la noche había aparecido.
Con un gesto molesto la mujer quitó la capucha de su cabeza, dejándola caer sobre su espalda. Su rostro estaba cubierta por una luz y para quien no la conociera o fuera de su grupo no podría saber la expresión de enojo que había en ella.
Sus botas empezaron a marcar el paso a través del bosque. Los centauros parecieron adivinar su enojo, porque se mantuvieron a prudente distancia. La capa flameaba a sus espaldas dejando a la vista el pantalón también negro, al igual que la entallada camisa.
Cuando sus pasos la llevaron frente a la entrada de Abaddon se permitió por primera vez retirar la vista del camino. Su castaña mirada siguió el majestuoso vuelo de los dragones que tras dar un par de vueltas aterrizaron de manera espléndida sobre la parte más alta de la torre de Abaddon.
La esfinge y la quimera que estaban en la puerta apenas hablaron, para plantearle el acertijo y tras su respuesta se apartaron para darle paso. Simplemente intercambiaron una mirada y no dijeron más.
La pelirroja avanzó con pasos rápidos y subió de dos en dos los escalones. Quería ir a la parte más alta, nunca había estado allí y si debía estar en esta oportunidad quería disfrutar del lugar, no estar encerrada. A su paso los guardianes blancos inclinaban la cabeza en señal de saludo y algunos grifos parlantes lanzaban algún intento de charla que ella solo respondía con un movimiento de mano.
Al llegar a la cima se detuvo, observando a los dragones, que apenas levantaron la vista para observarla, finalmente se acercó al borde y se apoyó sobre la pared, mirando el cielo a lo lejos.
Con un gesto molesto la mujer quitó la capucha de su cabeza, dejándola caer sobre su espalda. Su rostro estaba cubierta por una luz y para quien no la conociera o fuera de su grupo no podría saber la expresión de enojo que había en ella.
Sus botas empezaron a marcar el paso a través del bosque. Los centauros parecieron adivinar su enojo, porque se mantuvieron a prudente distancia. La capa flameaba a sus espaldas dejando a la vista el pantalón también negro, al igual que la entallada camisa.
Cuando sus pasos la llevaron frente a la entrada de Abaddon se permitió por primera vez retirar la vista del camino. Su castaña mirada siguió el majestuoso vuelo de los dragones que tras dar un par de vueltas aterrizaron de manera espléndida sobre la parte más alta de la torre de Abaddon.
La esfinge y la quimera que estaban en la puerta apenas hablaron, para plantearle el acertijo y tras su respuesta se apartaron para darle paso. Simplemente intercambiaron una mirada y no dijeron más.
La pelirroja avanzó con pasos rápidos y subió de dos en dos los escalones. Quería ir a la parte más alta, nunca había estado allí y si debía estar en esta oportunidad quería disfrutar del lugar, no estar encerrada. A su paso los guardianes blancos inclinaban la cabeza en señal de saludo y algunos grifos parlantes lanzaban algún intento de charla que ella solo respondía con un movimiento de mano.
Al llegar a la cima se detuvo, observando a los dragones, que apenas levantaron la vista para observarla, finalmente se acercó al borde y se apoyó sobre la pared, mirando el cielo a lo lejos.
- Entonces esas son las esfinges y quimeras de la
entrada...
Ignorba cuál era la contraseña que debía de decirles por lo que prefería hacerme a un lado y sentarme lejos de su vista sin embargo parecía que eso tampoco sería posible. Una de las criaturas mágicas llegó hasta donde yo me encontraba y con un leve movimiento me invitó a seguirla.
Dudé un momento, sabía érfectamente que estas criaturas eran muy astutas y demasiado peligrosas, no quería ser presa de sus extraños poderes a pesar de que yo enía mi varita en mano... los poderes que usaba seguían siendo demasiado simples.
- Bienvenido; se nos notificó que llegaría a conocer la prisión por lo que puede pasar sin tener que contestar la contraseña, pero será la primera y última vez que se hará esto.
La bestia me habló y se apartó de la entrada recelosa, no dudé ni un minuto en caminar hacia la entrada pero siempre con mis preocuaciones. Era increíble que todas las criaturas y seres de aquel lugar supieran sobre mi existencia cuando, en si, era un ente nuevo por esos rumbos.
No podía creer que el mago Adriano Wallace no me hubiera dicho mucho cuando pasó aquel extraño suceso, pero era obvio que le agradecía infinitamente la oportunidad que me había dado, bueno, que nos había dado. Todavía tenía que encontrarme con la bruja denominada Cye Lockhart, sabía que con ella todo esto acabaría de solucionarse o al menos eso dijo este mago.
Ignorba cuál era la contraseña que debía de decirles por lo que prefería hacerme a un lado y sentarme lejos de su vista sin embargo parecía que eso tampoco sería posible. Una de las criaturas mágicas llegó hasta donde yo me encontraba y con un leve movimiento me invitó a seguirla.
Dudé un momento, sabía érfectamente que estas criaturas eran muy astutas y demasiado peligrosas, no quería ser presa de sus extraños poderes a pesar de que yo enía mi varita en mano... los poderes que usaba seguían siendo demasiado simples.
- Bienvenido; se nos notificó que llegaría a conocer la prisión por lo que puede pasar sin tener que contestar la contraseña, pero será la primera y última vez que se hará esto.
La bestia me habló y se apartó de la entrada recelosa, no dudé ni un minuto en caminar hacia la entrada pero siempre con mis preocuaciones. Era increíble que todas las criaturas y seres de aquel lugar supieran sobre mi existencia cuando, en si, era un ente nuevo por esos rumbos.
No podía creer que el mago Adriano Wallace no me hubiera dicho mucho cuando pasó aquel extraño suceso, pero era obvio que le agradecía infinitamente la oportunidad que me había dado, bueno, que nos había dado. Todavía tenía que encontrarme con la bruja denominada Cye Lockhart, sabía que con ella todo esto acabaría de solucionarse o al menos eso dijo este mago.
Los colores del cielo
habían ido variando, desde el celeste hasta el violaceo y naranja de un
atardecer casi perfecto. La vista del bosque que había desde la alta torre le
recordó la bella vista de Ottery desde la Torre Sur de la Snape. A pesar del
mal humor una sonrisa se dibujò en los labios de la mujer tras la luz que
ocultaba su rostro, era un bonito recuerdo, en muchos sentidos.
Una fuerte ráfaga de viento había hecho que su capa flotara a su alrededor. Los dragones habían levantado vuelo, alguien se aproximaba. Sus ojos sondearon el bosque. Una figura masculina había aparecido, los centauros le habìan dejado pasar. Obviamente le conocìan. Tras dar unas vueltas los gigantes volvieron. La pelirroja sonrió. Como Knight no podía dominarles pero estaba segura que con sus habilidades quizàs algún día lograra montar uno de aquellos bellos animales.
Sobre ella el cielo había ido tornándose azul marino. La noche caía y las primeras estrellas brillaban ya. A los pies de la torre las quimeras y esfinges daban una bienvenida al visitante. Darla les observó con curiosidad unos segundos y luego volvió a lo suyo. Despacio caminó hasta una de las paredes y de un salto se sentó en un reborde de la misma, en la parte interna, apoyando su espalda contra el muro. Sus ojos se perdieron una vez más en el infinito.
Una fuerte ráfaga de viento había hecho que su capa flotara a su alrededor. Los dragones habían levantado vuelo, alguien se aproximaba. Sus ojos sondearon el bosque. Una figura masculina había aparecido, los centauros le habìan dejado pasar. Obviamente le conocìan. Tras dar unas vueltas los gigantes volvieron. La pelirroja sonrió. Como Knight no podía dominarles pero estaba segura que con sus habilidades quizàs algún día lograra montar uno de aquellos bellos animales.
Sobre ella el cielo había ido tornándose azul marino. La noche caía y las primeras estrellas brillaban ya. A los pies de la torre las quimeras y esfinges daban una bienvenida al visitante. Darla les observó con curiosidad unos segundos y luego volvió a lo suyo. Despacio caminó hasta una de las paredes y de un salto se sentó en un reborde de la misma, en la parte interna, apoyando su espalda contra el muro. Sus ojos se perdieron una vez más en el infinito.
Comencé a caminar por los pasillos de la Torre Abaddon
encontrándome con varios grifos que se acercaban hasta mi persona oliéndome y
lamiendo mi mano, al parecer éstos no podían hablar pero reconocían la esencia
de mi antecesor de inmediato. Era agradable poder estar cerca de todas esas
criaturas mágicas que tanto veía en el colegio y yo, como recién graduado, no
había tenido la oportunidad de ver.
Asperge de Magie era la institución francesa donde estudié al igual que Adriano Wallace y, al parecer, era hijo de un primo suyo. Era un poco obvio que estudiase en la misma escuela que mi tío, al final de cuentas todos queríamos ingresar al Ministro de Magia Francés, uno de los más prestigiosos del mundo.
Nunca me había imaginado salir de mi país, ni siquiera tenía la noción de que tenía familiares en Inglaterra por lo que este momento era más extraño para mi que para cualquier otro.
- Ponte tu luz en el rostro joven, más arriba están los prisioneros y no queremos que descubran su identidad.
Un ente de energía me había halado, al parecer también eran guardias de aquella prisión. No entendía a que se refería con la luz en el rostro así que sólo imité lo que dijo y apunté mi varita a mi cara pensando en la bendita luz, para mi sorpresa funcionó y quedé oculto detrás de ella.
- ¡Vaya!
La magia de mi pariente estaba surtiendo efecto en mi, tal como me lo había predicho, así que no tuve más remedio que continuar con mi camino dentro de ese lugar: debía de subir las escaleras.,
Asperge de Magie era la institución francesa donde estudié al igual que Adriano Wallace y, al parecer, era hijo de un primo suyo. Era un poco obvio que estudiase en la misma escuela que mi tío, al final de cuentas todos queríamos ingresar al Ministro de Magia Francés, uno de los más prestigiosos del mundo.
Nunca me había imaginado salir de mi país, ni siquiera tenía la noción de que tenía familiares en Inglaterra por lo que este momento era más extraño para mi que para cualquier otro.
- Ponte tu luz en el rostro joven, más arriba están los prisioneros y no queremos que descubran su identidad.
Un ente de energía me había halado, al parecer también eran guardias de aquella prisión. No entendía a que se refería con la luz en el rostro así que sólo imité lo que dijo y apunté mi varita a mi cara pensando en la bendita luz, para mi sorpresa funcionó y quedé oculto detrás de ella.
- ¡Vaya!
La magia de mi pariente estaba surtiendo efecto en mi, tal como me lo había predicho, así que no tuve más remedio que continuar con mi camino dentro de ese lugar: debía de subir las escaleras.,
La noche se había
cubierto con su manto la torre. Era una noche sin luna, pero el cielo se veía
brillante de estrellas. Lo bueno de estar alejados y protegidos de los grandes
edificios muggles, era que el cielo brillaba en todo su esplendor. Los ojos de
la vampira recorrìan las constelaciones y disfrutaba de los sonidos nocturnos.
Bajàndose de un salto de donde estaba sentada se volviò a acercar al borde de la balaustrada. Los dragones lanzaron un suave bufido, dejando una estela de humo al sentir el golpe de sus tacos contra el suelo del lugar. Pudo sentir sus ojos brillantes observándola y una sonrisa fría y divertida pasó por sus labios.
Bajàndose de un salto de donde estaba sentada se volviò a acercar al borde de la balaustrada. Los dragones lanzaron un suave bufido, dejando una estela de humo al sentir el golpe de sus tacos contra el suelo del lugar. Pudo sentir sus ojos brillantes observándola y una sonrisa fría y divertida pasó por sus labios.
Una noche como esa no debería desperdiciarse,
pensaba. Una cacería sería espectacular. Observó el bosque con un dejo de
nostalgia. Imaginándose una carrera contra alguno de los centauros. Sentía que
por sus venas la sangre fluía ansiosa, dejando que la adrenalina la llenara.
Sentía una extraña sensación en su nuca, la sensación que le indicaba que algo
iba a pasar. Si, deseaba salir a cazar, pero aùn no podía, reprimió suavemente
las ansias en su interior y se dedicò a disfrutar del cambio del paisaje
nocturno.
Había observado cada pared, cada pasillo y cada piedra del
lugar, se notaba que ahí habían sufrido innumerables batallas y mucha sangre
había corrido; podía notar como en algunas celdas se había forjado la puerta e
incluso algunas manchas en el suelo.
Era un mundo completamente nuevo y desconocido y si, me daba demasiado miedo. Temía por mi vida más que en cualquier otro momento aunque gracias al Wallace seguia caminando, seguía respirando. Era increíble como la vida daba tantas vueltas.
Observé a los dos prisioneros de la prisión amarrados, desmayados o quien sabe como deseando que no estuvieran sufriendo mucho, deseando liberarlos y curarlos pero sabía dentro de mi que no era buena idea acercármeles demasiado.
Llegué hasta el techo y me encontré con la figura de una mujer pelirroja dándome su espalda y viendo hacia los terrenos de la prisión; justo en ese momento un nombre susurró mi mente...
Scarlet...
Me quedé paralizado, simplemente no sabía que hacer. Recuerdos que no eran míos invadían mi mente sobre una Darla Potter Black nieta de mi antecesor, recuerdos llenos de sentimiento y comencé a sentir nostalgia, pero era una nostalgia de él, no mía. Sin embargo, ¿por qué resonaba el nombre de Scarlet en mi cabeza mientras veía todos esos recuerdos?
- Disculpa, - atreví a hablarle - ¿eres miembro de la Orden del Fénix?
Era un mundo completamente nuevo y desconocido y si, me daba demasiado miedo. Temía por mi vida más que en cualquier otro momento aunque gracias al Wallace seguia caminando, seguía respirando. Era increíble como la vida daba tantas vueltas.
Observé a los dos prisioneros de la prisión amarrados, desmayados o quien sabe como deseando que no estuvieran sufriendo mucho, deseando liberarlos y curarlos pero sabía dentro de mi que no era buena idea acercármeles demasiado.
Llegué hasta el techo y me encontré con la figura de una mujer pelirroja dándome su espalda y viendo hacia los terrenos de la prisión; justo en ese momento un nombre susurró mi mente...
Scarlet...
Me quedé paralizado, simplemente no sabía que hacer. Recuerdos que no eran míos invadían mi mente sobre una Darla Potter Black nieta de mi antecesor, recuerdos llenos de sentimiento y comencé a sentir nostalgia, pero era una nostalgia de él, no mía. Sin embargo, ¿por qué resonaba el nombre de Scarlet en mi cabeza mientras veía todos esos recuerdos?
- Disculpa, - atreví a hablarle - ¿eres miembro de la Orden del Fénix?
Un suave viento había
empezado a correr y el lugar dejaba de sentirse pesado y abrumador. Por unos
segundos deseo estar en Siberia, en la Fortaleza Errante. Las frías noches de
allí no la asustaban y pensar en cazar en los bosques de siberianos le trajo un
dejo de nostalgia. En el fondo de su mente una risita maliciosa surgió, pero
ella la ignoró, aunque también le trajo otro recuerdo. Debía partir pronto.
A sus espaldas pudo escuchar los pasos, habían sido sigilosos, pero pudo sentir la esencia, desconocida de alguien que se aproximaba. ¿Desconocida? No tanto, y sin embargo. Un prisionero no era, ya que los guardias blancos y los grifos habrían dado la alerta y se habrían ocupado de él. Siguió observando el vacío a sus pies, seguramente era alguno de los nuevos ingresos.
- Disculpa, ¿eres miembro de la Orden del Fénix?
Una voz conocida, suave pero a la vez con un tono extrañamente temeroso. Se volvió y tras la luz reconoció las facciones de su abuelo paterno. Adriano Wallace. Se sorprendió, tanto por la forma en que la miraba como por su pregunta. Era él, sus ojos no la engañaban y sin embargo. Casi por instinto había bajado su mano hasta las caderas y su puño se había cerrado sobre la varita que llevaba escondida allí.
- Si lo soy, aunque no tan buena como tú. Porque tú también lo eres ¿o no, Adriano? - Sus ojos se fijaron en él y un destello escarlata pasó por su mirada mientras aferraba con firmeza su varita, sin apuntarle aún. - ¿Quién eres?
El recuerdo de la última vez que le había visto pasó veloz por su mente, mientras que no dejaba de observar al hombre frente a ella. Las apariencias engañan, le decía algo en el fondo de su mente. Ladeó suavemente la cabeza mientras estudiaba al hombre a unos metros de ella. El envase no garantiza el contenido. La voz de Scarlet había sonado burlona en el fondo de su mente y la pelirroja acudió a su poder de oclumancia para cerrar sus pensamientos al joven y tratar de encerrar a la vampira en su mente.
A sus espaldas pudo escuchar los pasos, habían sido sigilosos, pero pudo sentir la esencia, desconocida de alguien que se aproximaba. ¿Desconocida? No tanto, y sin embargo. Un prisionero no era, ya que los guardias blancos y los grifos habrían dado la alerta y se habrían ocupado de él. Siguió observando el vacío a sus pies, seguramente era alguno de los nuevos ingresos.
- Disculpa, ¿eres miembro de la Orden del Fénix?
Una voz conocida, suave pero a la vez con un tono extrañamente temeroso. Se volvió y tras la luz reconoció las facciones de su abuelo paterno. Adriano Wallace. Se sorprendió, tanto por la forma en que la miraba como por su pregunta. Era él, sus ojos no la engañaban y sin embargo. Casi por instinto había bajado su mano hasta las caderas y su puño se había cerrado sobre la varita que llevaba escondida allí.
- Si lo soy, aunque no tan buena como tú. Porque tú también lo eres ¿o no, Adriano? - Sus ojos se fijaron en él y un destello escarlata pasó por su mirada mientras aferraba con firmeza su varita, sin apuntarle aún. - ¿Quién eres?
El recuerdo de la última vez que le había visto pasó veloz por su mente, mientras que no dejaba de observar al hombre frente a ella. Las apariencias engañan, le decía algo en el fondo de su mente. Ladeó suavemente la cabeza mientras estudiaba al hombre a unos metros de ella. El envase no garantiza el contenido. La voz de Scarlet había sonado burlona en el fondo de su mente y la pelirroja acudió a su poder de oclumancia para cerrar sus pensamientos al joven y tratar de encerrar a la vampira en su mente.
La bruja giró sobre si y se enfrentó de frente contra mi,
miré directamente hacia su rostro y su mirada me heló, parecía reconocerme o la
menos reconocer la esencia de mi persona. Esta mudo, quieto, paralizado,
realmente no sabía que hacer y esa voz dentro de mi cabeza repitiendo el nombre
de Scarlet no ayudaba en nada.
Quise caminar hacia ella, sentirme relajado y aparentar calma pero no podía, mi joven cuerpo no tenía la suficiente experiencia como para aparentar algo que no era. Tragué saliva antes de hablar y fue cuando escuché su voz por primera vez.
Adriano me llamó, el nombre de aquel mago que dio su vida por la mía. Adriano, ese nombre retumbó en toda mi cabeza y parecía como si toda su vida comenzara a correr frente a mis ojos en un sólo segundo. Adriano, ya no podía responder ante ese nombre él, por que él ya se había ido.
- Soy Mirshka...
Apenas y fue audible mi respuesta pero sabía que ella podría escucharme perfectamente, sabía que podía confiar en ella aunque aún no me atrevía ni siquiera a dar un paso en su dirección.
-... se supone que debo de ser guardián de este lugar, al menos eso me comentó él... Adriano.
¿A quién le podría confiar todo lo que había pasado? ¿Con quién me sentiría lo suficientemente seguro como para hablar con la verdad? ¿Sería acaso la tal Cye Lockhart la única que en verdad pudiera ayudarme? No, no, no, eran demasiadas preguntas que me invadían en este momento y que lo único que lograban era asustarme más. Respiré pausadamente mientras trataba de tranquilizarme esperando que la bruja delante de mi no notara mi nerviosismo.
Quise caminar hacia ella, sentirme relajado y aparentar calma pero no podía, mi joven cuerpo no tenía la suficiente experiencia como para aparentar algo que no era. Tragué saliva antes de hablar y fue cuando escuché su voz por primera vez.
Adriano me llamó, el nombre de aquel mago que dio su vida por la mía. Adriano, ese nombre retumbó en toda mi cabeza y parecía como si toda su vida comenzara a correr frente a mis ojos en un sólo segundo. Adriano, ya no podía responder ante ese nombre él, por que él ya se había ido.
- Soy Mirshka...
Apenas y fue audible mi respuesta pero sabía que ella podría escucharme perfectamente, sabía que podía confiar en ella aunque aún no me atrevía ni siquiera a dar un paso en su dirección.
-... se supone que debo de ser guardián de este lugar, al menos eso me comentó él... Adriano.
¿A quién le podría confiar todo lo que había pasado? ¿Con quién me sentiría lo suficientemente seguro como para hablar con la verdad? ¿Sería acaso la tal Cye Lockhart la única que en verdad pudiera ayudarme? No, no, no, eran demasiadas preguntas que me invadían en este momento y que lo único que lograban era asustarme más. Respiré pausadamente mientras trataba de tranquilizarme esperando que la bruja delante de mi no notara mi nerviosismo.
Su respuesta apenas
resultó audible, pero sin duda sus palabras la habían llegado de confusión. Se
mantuvo seria, sin dejar translucir lo que pasaba en su interior.
- Soy Mirshka... se supone que debo de ser guardián de este lugar, al menos eso me comentó él... Adriano.
Definitivamente se le parecía, había creído que era él, algo de él estaba frente a ella, pero... lo observó con curiosidad, de pies a cabeza. ¿Era temor lo que percibía en el aire? Aflojó su propia postura y sonrió.
-¿Mirshka? Te he confundido con él... con Adriano... obviamente si él te envía... obvio, te han dejado llegar hasta aquí.
Por un momento la idea de una poción multijugos pasó por su cabeza, pero había algo más allá de lo evidente. Suavemente relajó su mano, dejando la varita donde estaba segundos antes y extendió suavemente sus brazos hacia atrás, haciendo palanca sobre el borde de la parecilla a sus espaldas, hasta sentarse en el borde de la misma.
Seguía observándolo, mientras balanceaba las piernas cruzadas frente a ella. Volvió a ladear suavemente la cabeza hacia el otro lado y una sonrisa se dibujó más amplia en sus labios.
- Así que eres Mirshka... bonito nombre, me costará pronunciarlo, desde ya te aviso. Soy Darla, visitante del lugar, de la Orden como tú has mencionado, pero no soy guardiana, simplemente... - Guardó silencio unos segundos pensando cómo definirse y cómo definir las razones de sus visitas. -Simplemente me gusta venir aquí, no porque me agraden las cárceles.- Hizo un gesto con la mano, como abarcando todo el lugar y lo que él representaba - Si no porque es un bonito lugar, si obvías lo que es, y porque a veces... a veces hay que hacer lo que se tiene que hacer.
Suspiró y volvió a recorrer con la mirada la figura del hombre frente a ella. Aún indecisa respecto a lo que le inspiraba. No era desconfianza, pero tampoco sabía si él...
- ¿Vas a cubrir siempre a Wallace? - Preguntó de golpe, como queriendo cambiar el tema en su propia mente.
- Soy Mirshka... se supone que debo de ser guardián de este lugar, al menos eso me comentó él... Adriano.
Definitivamente se le parecía, había creído que era él, algo de él estaba frente a ella, pero... lo observó con curiosidad, de pies a cabeza. ¿Era temor lo que percibía en el aire? Aflojó su propia postura y sonrió.
-¿Mirshka? Te he confundido con él... con Adriano... obviamente si él te envía... obvio, te han dejado llegar hasta aquí.
Por un momento la idea de una poción multijugos pasó por su cabeza, pero había algo más allá de lo evidente. Suavemente relajó su mano, dejando la varita donde estaba segundos antes y extendió suavemente sus brazos hacia atrás, haciendo palanca sobre el borde de la parecilla a sus espaldas, hasta sentarse en el borde de la misma.
Seguía observándolo, mientras balanceaba las piernas cruzadas frente a ella. Volvió a ladear suavemente la cabeza hacia el otro lado y una sonrisa se dibujó más amplia en sus labios.
- Así que eres Mirshka... bonito nombre, me costará pronunciarlo, desde ya te aviso. Soy Darla, visitante del lugar, de la Orden como tú has mencionado, pero no soy guardiana, simplemente... - Guardó silencio unos segundos pensando cómo definirse y cómo definir las razones de sus visitas. -Simplemente me gusta venir aquí, no porque me agraden las cárceles.- Hizo un gesto con la mano, como abarcando todo el lugar y lo que él representaba - Si no porque es un bonito lugar, si obvías lo que es, y porque a veces... a veces hay que hacer lo que se tiene que hacer.
Suspiró y volvió a recorrer con la mirada la figura del hombre frente a ella. Aún indecisa respecto a lo que le inspiraba. No era desconfianza, pero tampoco sabía si él...
- ¿Vas a cubrir siempre a Wallace? - Preguntó de golpe, como queriendo cambiar el tema en su propia mente.
No podía adivinar los pensamientos de aquella mujer, pero
me sentía bien cuando reconoció con gusto el nombre de mi tío. No era sólo que
me enviara para acá, era que... bueno, era demasiado complicado como para poder
explicarlo de un sólo jalón.
No era tan sorprendente que fuéramos tan parecidos, incluso yo me sorprendí al verlo y notarle un rostro joven a pesar de estar por los cuarenta años aunque claro, yo apenas esta por cumplir los 18 y no tenía anta experiencia como él. Ambos teníamos las facciones finas, si, pero mi cabello era más abundante que el de Adriano y mi estatura un tanto menor.
- Si, me parece muy pacífico ahora. No te preocupes por el nombre, puedes decirme Ishaya... ¿no sé si sepas lo que significa? Mi tío me dijo que la mayoría de ustedes conocían ese clan y se les haría más fácil ubicarme así, además me sentiría más cómodo siendo lo que soy... si...
Me sonrojé un poco y no pude concluir, no sé, a pesar de saber que ahora ella se covnertía en mi nieta me sentía raro el tener que verla con tanta confianza, saber que dentro de mi cabeza tenía todos esos recuerdos que ahora eran míos pero que nunca los viví.
Su pregunta no me sorprendió, es más, esperaba que fuese la primera cosa que me diría así que apenas alcancé a susurrar unas simples palabras.
- Si... para siempre.
No era tan sorprendente que fuéramos tan parecidos, incluso yo me sorprendí al verlo y notarle un rostro joven a pesar de estar por los cuarenta años aunque claro, yo apenas esta por cumplir los 18 y no tenía anta experiencia como él. Ambos teníamos las facciones finas, si, pero mi cabello era más abundante que el de Adriano y mi estatura un tanto menor.
- Si, me parece muy pacífico ahora. No te preocupes por el nombre, puedes decirme Ishaya... ¿no sé si sepas lo que significa? Mi tío me dijo que la mayoría de ustedes conocían ese clan y se les haría más fácil ubicarme así, además me sentiría más cómodo siendo lo que soy... si...
Me sonrojé un poco y no pude concluir, no sé, a pesar de saber que ahora ella se covnertía en mi nieta me sentía raro el tener que verla con tanta confianza, saber que dentro de mi cabeza tenía todos esos recuerdos que ahora eran míos pero que nunca los viví.
Su pregunta no me sorprendió, es más, esperaba que fuese la primera cosa que me diría así que apenas alcancé a susurrar unas simples palabras.
- Si... para siempre.
Lo escuchaba hablar y
notaba que a pesar del parecido las pequeñas diferencias lo hacían muy
distinto. Aún con todo lo contradictorio que ésto sonaba. Por un momento creyó
verle sonrojar bajo la luz en su rostro. Debía ser el efecto de ésta mezclado
con la luz de las estrellas. Aunque no pudo evitar sentir un dejo de ternura.
Su respuesta sonó casi como si le pesara, Darla levantó una ceja y se dejó caer de un salto frente a él.
- Uy... ese para siempre suena tan... a eternidad.
Caminó alrededor de él como estudiándole. Sabía que él la iba a odiar seguramente por ese gesto. Notaba su nerviosismo y dudaba que el hecho de que ella pareciera evaluarlo lo hiciera sentir mejor. Se mordió un labio, aún a espaldas de él y cuando giró quedando nuevamente de frente agregó, como si buscara cambiar el tema.
- Se del clan de los Ishayas, poco en realidad, nunca le pregunté mucho a Adriano. Él y yo eramos parientes, pero... - dudo unos segundos antes de continuar, no tenía por qué oculatarle la verdad. - Siempre he creído que no le agradaba y por eso se mantenía alejado de mí. Hemos tenidos épocas de buena charla, pero jamás hemos tenido una intimidad familiar.
Se encogió de hombros y volvió a apoyarse en la pared que daba al vacío, sin darle la espalda del todo, miró a lo lejos y luego volviéndose hacia él le dedicó una sonrisa franca.
- Así que no te preocupes, estás liberado de tener una relación familiar conmigo. Empecemos de cero y veamos qué pasa. - Extendió su brazo derecho, tendiéndole la mano - Darla Potter Black, Señor Mirshka, un placer conocerlo.
Su respuesta sonó casi como si le pesara, Darla levantó una ceja y se dejó caer de un salto frente a él.
- Uy... ese para siempre suena tan... a eternidad.
Caminó alrededor de él como estudiándole. Sabía que él la iba a odiar seguramente por ese gesto. Notaba su nerviosismo y dudaba que el hecho de que ella pareciera evaluarlo lo hiciera sentir mejor. Se mordió un labio, aún a espaldas de él y cuando giró quedando nuevamente de frente agregó, como si buscara cambiar el tema.
- Se del clan de los Ishayas, poco en realidad, nunca le pregunté mucho a Adriano. Él y yo eramos parientes, pero... - dudo unos segundos antes de continuar, no tenía por qué oculatarle la verdad. - Siempre he creído que no le agradaba y por eso se mantenía alejado de mí. Hemos tenidos épocas de buena charla, pero jamás hemos tenido una intimidad familiar.
Se encogió de hombros y volvió a apoyarse en la pared que daba al vacío, sin darle la espalda del todo, miró a lo lejos y luego volviéndose hacia él le dedicó una sonrisa franca.
- Así que no te preocupes, estás liberado de tener una relación familiar conmigo. Empecemos de cero y veamos qué pasa. - Extendió su brazo derecho, tendiéndole la mano - Darla Potter Black, Señor Mirshka, un placer conocerlo.
Si, tampoco me gustaba la idea pero así eran las cosas.
Sabía que podría confiar en ella, al final Scarlet sabría perfectamente como
sucedieron las cosas aunque ahora no se lo dejara ver a Darla, extraña forma de
comportarse pero nada sorprendente: ya se me había puesto al tanto.
Sentí los pasos de la bruja a mi alrededor y me mantuve firme y si, un tanto tenso. No me agradaba la idea de ser el centro de atención en ninguna de sus formas y ésta, seguro era de las pocas que podría considerar como placentera o cómoda. Escuché, al fin, las palabras de la bruja con respecto a los Ishayas y mi tío y lamenté el hecho de que esa relación no fuese tan fuerte.
- Tal vez era miedo...
Susurré agachando la mirada. Sabía que el miedo a querer podría ser un factor demasiado importante, por eso mismo yo me había alejado de mi familia tanto. Mis palabras eran más hacia mi persona pero la bruja Darla me volvió a hablar, respondiéndome y extendiendo su mano.
- Está bien, - le sonreí tímidamente y le estreché la mano - Mirshka Dupont y el placer es mio. Espero que, bueno, veremos...
Sentí los pasos de la bruja a mi alrededor y me mantuve firme y si, un tanto tenso. No me agradaba la idea de ser el centro de atención en ninguna de sus formas y ésta, seguro era de las pocas que podría considerar como placentera o cómoda. Escuché, al fin, las palabras de la bruja con respecto a los Ishayas y mi tío y lamenté el hecho de que esa relación no fuese tan fuerte.
- Tal vez era miedo...
Susurré agachando la mirada. Sabía que el miedo a querer podría ser un factor demasiado importante, por eso mismo yo me había alejado de mi familia tanto. Mis palabras eran más hacia mi persona pero la bruja Darla me volvió a hablar, respondiéndome y extendiendo su mano.
- Está bien, - le sonreí tímidamente y le estreché la mano - Mirshka Dupont y el placer es mio. Espero que, bueno, veremos...
Había escuchado el suave
comentario de Mirshka. En realidad dudaba que Adriano alguna vez hubiera temido
a algo. Sonrió divertida ante la idea al recordarla, mientras el joven mago le
estrechaba la mano. Le gustó el modo, por algún motivo sus padres adoptivos
muggles solían comentar sobre que la manera de hacerlo reflejaba la forma de
ser de las personas.
- Bonito apellido, igual que tu nombre. - sin soltarle aún le observó con curiosidad. - ¿Qué es lo que esperas?
Mirshka había dejado la frase a medias y eso había despertado a curiosidad de la vampira. Si, era una de las cosas que le causaban un toque de curiosidad. Y en este caso no pudo evitar preguntar. Perdida por esa curiosidad quizás, no había notado que aún no había soltado la mano del joven, hasta que sintió el calor que estaba irradiaba.
- Lo siento- dijo con una sonrisa con un tinte de pena mientras le soltaba y se alejaba un paso, como para no incomodarle más. - A veces soy algo distraída.
Era extraño, muchas veces la empatía hacia alguien la llevaban a comportarse un poco como la persona. Recordó por unos segundos sus actitudes hacia ciertas personas en su vida. Mirshka, con su timidez o temor, aún no estaba segura, la contagiaba hasta el punto de que en ese primer encuentro, la hacía volverse tímida con él.
- Bonito apellido, igual que tu nombre. - sin soltarle aún le observó con curiosidad. - ¿Qué es lo que esperas?
Mirshka había dejado la frase a medias y eso había despertado a curiosidad de la vampira. Si, era una de las cosas que le causaban un toque de curiosidad. Y en este caso no pudo evitar preguntar. Perdida por esa curiosidad quizás, no había notado que aún no había soltado la mano del joven, hasta que sintió el calor que estaba irradiaba.
- Lo siento- dijo con una sonrisa con un tinte de pena mientras le soltaba y se alejaba un paso, como para no incomodarle más. - A veces soy algo distraída.
Era extraño, muchas veces la empatía hacia alguien la llevaban a comportarse un poco como la persona. Recordó por unos segundos sus actitudes hacia ciertas personas en su vida. Mirshka, con su timidez o temor, aún no estaba segura, la contagiaba hasta el punto de que en ese primer encuentro, la hacía volverse tímida con él.
(*)Los párrafos en azul son roles de Ishaya/Adriano/Mirshka eh Harrylatino.org
